Literatura, condición humana del pasado y el presente

Por: Gabriela Serralde López

Hace poquito más de un año cuando caminaba por la calzada de San Diego en la ciudad de Morelia bajo una larga fila de árboles fornidos y un fresco que enfriaba mis mejillas, miraba el vaivén de pasos transeúntes pensando en la cantidad de personas que entran a una librería y a un bar el mismo día. Entre dicha calzada y el Acueducto, se ubica la librería “El Sendero” atendida por Hugo Reyes, un adulto de 33 años de tez morena y estatura debajo del promedio mexicano.

Aquel día entré dudosa al lugar. Mientras esperaba a que Hugo se desocupara recorrí el perímetro del inmueble observando fugazmente títulos varios, colores y lomos de diverso grosor. Conté tres personas en un lapso de 30 minutos; tan entusiasmadas como quién sabe sentir el cálido cobijo entre páginas y letras. Llegué a la sección de libros llamativos; aquel adulto de 33 años que aparenta 26 se me acercó, me ofreció su ayuda…

– ¿Buscas algún título en especial?

–Sí, ¿tienes “La guerra no tiene rostro de mujer” de Svetlana Alexiévich?

– (dudó un momento) No lo tengo, se terminó hace un par de días…

–Qué lástima… ¿tendrás alguno de Jorge Ramos?

–No, ese también te lo debo…

Pronto pudo argumentar mi gusto por el periodismo pero la plática no se condujo hacia ese tema, más bien comenzamos a hablar sobre John Katzenbach o algunos autores que se asemejaban a su estilo y después de mencionarme algunos autores me decidí. Ya cuando estaba pagando, añadí que era estudiante de periodismo y me encontraba en el proceso de una investigación sobre el hábito a la lectura en México; su rostro mostró impresión, le pregunté si podía hacerle una entrevista acerca de lo ya mencionado a lo que respondió con un gustoso, “sí”.

Acordamos un fecha, sin más me despedí, salí con “La sonata a Kreutzer” de León Tolstoi en la mano y seguí mi caminar por la ciudad aquella tarde otoñal.

Enseña a los niños a leer, no querrán utilizar un arma cuando sean grandes. 

Tres días después entré de nuevo a la librería, el frío no había apaciguado, en el lobby del majestuoso recinto olía a especias de té y café, también me daba la bienvenida una serie de piezas musicales. Los anaqueles estaban llenos, el salón no.

Saludé a Hugo amablemente, llevaba una Nikon en mi mano izquierda y pude notar una mueca de disgusto, me preguntó si lo grabaría, pero no, tan sólo tomaría un par de fotos para acompañar la crónica, entonces me percate que hoy en día una cámara causa tanto miedo casi como una pistola.

Hugo es licenciado en administración pública y apasionado de la lectura, me cuenta la perspectiva que tiene de México a través de las diversos rostros  que la vida le ha mostrado, de la cultura y sus experiencias personales.

Gabriela Serralde: ¿Qué te gusta de México?

Hugo Reyes: Toda su naturaleza, la diversidad de montañas, planicies, regiones, temperaturas.

G.S: ¿Eres moreliano?

H.R: No, soy oaxaqueño.

G.S: ¿Qué te gusta de Michoacán?

H.R: No soy muy conocedor del Estado pero me gustaría explorarlo, aunque dos aspectos importantes en muchas ocasiones no lo permiten: la salud y la seguridad, hace un año tenía planeado una visita a la costa michoacana pero la cancelé porque se presentaron los bloqueos de carreteras, la cuestión estaba fea.

En el año 2014 se registró un 3.3% de incremento en cuanto a la inseguridad en el Estado de Michoacán respecto al año 2013 que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2014 mostraba el 80.3 %, además datos extraídos de un reporte realizado por el portal de noticias “Expansión en alianza con CNN”, dictan que en el año 2016 se registró un aumento en la cifra de muertes violentas en comparación con los dos años anteriores, es decir, tan sólo de Enero a Junio de ese año se registraron 10,301 homicidios dolosos en el país.

G.S: Tan reciente está fecha del 2 de octubre, a ti ¿qué te duele de México?

H.R: Sin duda alguna la inseguridad, soy de Tehuantepec y ya no hay oportunidad de salir de casa por las tardes como antes, ahora las calles se apoderan de banditas que cuando salí de allí conocía pero ahora que vuelvo ya no son las mismas, mi familia vive con el temor a que nos toque alguna situación trágica, pero afortunadamente no hemos experimentado algo tan lamentable.

Quizás debamos empezar por aquí. Una de las principales causas del vandalismo o grupos callejeros que se dedican a trabajos inmorales se debe a la falta de educación o deserción escolar. Datos del INEGI revelan que en México 5.5% de la población es analfabeta, lo que equivale a 4 millones 749 mil 057 personas que no saben leer ni escribir.

México, cultura y sepulcro. 

En la fachada de la librería color marrón, acompañada por una reja de fierro está incrustado un trío de palabras brillantes color plata que enuncian UNAM, Centro Cultural; inmueble conocido por “la mano de la reja” (leyenda popular) que da cabida a actividades de difusión y extensión universitaria, además promueve la calidad educativa y busca ampliar la oferta cultural de la ciudad, es así como lo detalla su portal web.

Durante los 30 minutos que llevaba de duración la entrevista no fui testigo de ver entrar a alguien que se interesase por algún libro.

Gabriela Serralde: ¿Cuál es el principal objetivo de tu trabajo?

Hugo Reyes: La librería que pertenece al Centro Cultural UNAM tiene el objetivo de fomentar la lectura, esa es mi prioridad.

G.S: ¿Desde tu perspectiva cómo es el ámbito cultural en Morelia?

H.R: Los artistas tienen demasiado apoyo pero no como les gustaría porque al gobierno sólo le interesa las estadísticas, para ellos lo importante son los números, no les importa el impacto cultural sino el económico, saber cuántos millones de pesos se invierten y cuánto se recauda, el número de visitantes o asistentes. Las instituciones públicas están sujetas a intereses políticos; al final les importa justificar el gasto y no el resultado.

G.S: ¿Tienes el dato exacto de cuántos libros has leído a lo largo tu vida?

H.R: No lo creo pero de estudiante leía mucho más, ahora por ejemplo, leo por mes 800 o 1000 páginas, equivalente a tres o cuatro libros o uno si fuera el caso de Movi Dick (reímos irónicos, mientras me mostraba el grosor del lomo que consta de 823 páginas.) Trato de leer cosas que me dejen una enseñanza, Movi Dick hace referencia a la ballena blanca, yo lo rebautice con el título: La doctrina Monroe y como subtratado económico y psicológico de la caza de ballenas en el siglo XIX.

Hugo se expresaba de forma sublime y no exagero, de verdad, su retórica era perfecta. Movía las manos al ritmo de lo que decía. Me ejemplificó uno de los capítulos de Movi Dick Pez agarrado, pez suelto, donde para él existe la ley del más fuerte. Después la charla tomo tintes literarios y comenzó a citarme a diversos autores como: Enrique Villa Matas, Sergio Pitol y Vasconcelos: una mezcla de exorbitantes literatos con un gran compromiso ético y humanista. Para Hugo la literatura te deja ver la condición humana del pasado o el presente.

Llevábamos una hora de conversación, ningún alma entró.

Gabriela Serralde: ¿Por qué crees que la juventud lee libros que no prometan una enseñanza?

Hugo Reyes: muchos jóvenes están leyendo por moda y muy pocos saltan a otro nivel. Siempre hay prejuicios, la gente dice que si lees más es basura y estás mal. Lamentablemente existen estás sagas de cine playeras, las cuales enfocan la mercadotecnia y el morbo (ejemplo: 50 sombras de Grey), hoy en día ya no se leen libros de los cuales no se necesite un proceso de mercadotecnia o mecanismos para vender como las obras de Shakespeare o la Ilíada de Homero.

Actualmente los jóvenes no quieren leer, o sí, pero que no sea complejo porque se vuelve monótono, sin importancia, difícil de comprender, vaya, miles de excusas que un alumno puede exponer. La respuesta es sencilla, no estamos acostumbrados, la lectura no se ha vuelto un hábito.

Entre títulos y autores que desconocía Hugo citó a Gonam Petrovich un escritor serbio quién publico La mano de la buena fortuna y me explico su teoría; un libro es un universo con sus propias leyes y principios omnipresentes y la función del lector es que sea capaz de analizar detalles o situaciones, ¡leer implica mucho!, se agudizan tus sentidos, comprendes y aprendes a diferenciar.

Cuando cursaba el primer cuatrimestre de la licenciatura una maestra nos preguntó si ya habíamos leído a José Saramago, en especial Ensayo sobre la ceguera. Algunos compañeros dijeron ignorar por completo al autor y otros que no les parecía una lectura digerible, entonces ella nos pidió que no lo leyéramos hasta estar seguros, preparados, que iba a llegar el momento…

Reyes que tenía un pequeño libro de portada llamativa a su lado, las mangas del suéter a medio brazo y una pila de ejemplares que había estado mostrándome por un largo periodo de tiempo, me confesó que recomendaría leer Guerra y Paz de Tolstoi y buscáramos literatura de calidad, sin importar la dificultad pues cada libro tiene su momento.

El presidente de México no lee.

Esta era la última parte de la entrevista pero no estaba segura de cuánto tiempo nos llevaría culminarla, debíamos llevar una hora y media charlando sobre el tema. El frío se coló por el lobby interceptando el salón de anaqueles.

Gabriela Serralde: ¿Qué opinas acerca del presidente de la Republica que no lee?

Hugo Reyes: Enrique Peña Nieto es parte del sistema, el lugar y el tiempo para él son inapropiados, bastantes hemos sido testigos de sus fallas intelectuales, él está ahí por imagen solamente, el presidente representa a la sociedad que no lee y no hablo de las personas de bajos recursos sino de su clase empresarial, a los que llevan las riendas, a los de la elite que deciden que es lo que se tiene que hacer, toda esa gente tiene un bajo nivel cultural y político.

G.S: ¿Qué se puede hacer por la gente que tiene poco alcance a la lectura?

H.R: Es complicado comprar libros, déjame contarte algo; mis papás me daban dinero para comprar ropa de vez en cuando, pero yo me lo gastaba en libros, mis más bastas lecturas las hice por medio de bibliotecas públicas, préstamos de libros… No se vale aquello de: ¡Ah, no tengo dinero y no puedo leer!, simplemente no hay interés y eso se está perdiendo en todo el país.

De repente timbró un ruido, un tono de celular, sonrió apenado. Echó un vistazo fugaz a la pantalla y volvió a concentrarse.

G.S: ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en este ámbito?

H.R: Nos han invadido las tecnologías, las redes sociales, ya se ha digitalizado todo. Ahora piensas y dices ¿leo un libro o veo la serie de calidad hollywoodense?, formamos parte de una distracción. Si tenemos al alcance estás tecnologías deberíamos sacarles provecho.

G.S: ¿Eres de la vieja escuela (libros en físico) o de la nueva (libros digitales)?

H.R: Me gustan las hojas, su calidad, puedes manejarlas, la sensación…. No es fetichismo pero es diferente. Por el contrario el digital (duda), no lo leería, sólo para efectos prácticos porque no vas a traer cargando tomos enormes, yo creo que la nueva escuela para eso te puede servir, consultar de esta manera puede facilitar ese tipo de cuestiones; artículos, periódicos, ensayos, creo que para estos efectos es una buena herramienta.

G.S: ¿Se van a acabar los libros?

H.R: No, no se van a acabar, editores empresarios como Alemán Random House, comentan que el libro perdurará. Los libros digitales son una cuestión mediática, empresarios de Nueva York construirán una librería gigante en físico. El problema no es el que perduré, sino en que los lean. Fomentar el libro no sólo es hacer ferias, ni traer a escritores que hablen de su obra, se trata de enseñar a la sociedad la importancia que tiene el leer.

Paré la grabación. No había nadie más que él y yo en medio de aquel gran universo que parecía haberse expandido por su mente. Antes de retirarme tomé algunas fotografías, compré otro libro, me despedí y prometí volver. Hugo me comentó que la lectura era importante para el desarrollo personal e intelectual, que lo que él hacía era un trabajo noble del cuál no se obtenía mucha ganancia, pero que la riqueza estaba en los libros, en el contenido y le quedaba la satisfacción de que a los lectores les llegara un buen contenido.

Cuando salí, caminé varias cuadras hasta una plaza donde me senté a esperar el transporte público, destapé el libro que llevaba entre las manos Los papeles de Anspern y Daisy Miller de Henry James, escogí una hoja al azar (página 79) y leí un párrafo:

“… en un periodo en que nuestra tierra natal era tosca, cruda, provinciana, cuando la famosa atmosfera que se suponía faltante ni siquiera era echada de menos, cuando la literatura era allí algo del todo extraño y el arte y las preocupaciones por la forma eran algo imposible, él hubiera encontrado los medios para vivir y escribir como uno de los grandes, de ser libre y universal y no amedrentarse por nada; de sentir, entender y expresarlo todo.

La ciudad cuenta con 20 librerías y 20 bares. En las dos doras que duró la entrevista ningún alma entro allí, me pregunto si en un sólo bar pasó lo mismo.

Sí, Hugo es un joven de estatura menor al promedio mexicano, pero yo una vez escuché decir que la inteligencia de un hombre no se mide de los pies a la cabeza sino de la cabeza hacia arriba.

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